Minimalista de palo

Este año me ha ido bastante bien y me he comprado muchas cosas, demasiadas. Cada una de ellas pensaba que me iba a hacer un poco más feliz que la anterior, pero después de tenerlas me sentía más o menos igual. La adrenalina duraba hasta el momento en el que llegaban a casa, poco más.

A mediados de 2020, con la pandemia en plena ebullición y pasando mucho tiempo encerrado, vi un par de programas en Netflix sobre minimalismo. Me gustó mucho su filosofía de lo esencial, ya que a mí también me daba la sensación que me sobraban muchas cosas. Que tenía la casa llena y no necesitaba tantas a mi alrededor para vivir. Y que además muchas de ellas me condicionaban, ya que tenía que limpiarlas, cuidarlas, o mantenerlas. Así que me propuse vivir con menos. Eso no significaba que quisiera hacerme totalmente hippie y abandonar todas mis posesiones, solo que quería reducirlas. Así que me esforcé en ser consciente de todas las que no usaba, y decidí prescindir de algunas de ellas. Poco a poco, que no soy yo de cambios radicales. Me costó, pero tiré, regalé y vendí muchas por Wallapop. Vencí al apego y me di cuenta de que cada cosa que se iba me dejaba espacio físico y mental. Que prefería tener menos cosas y más bonitas y que almacenar no tenía sentido. A finales de año di un paso más y vendí también mi coche. Realmente lo usaba muy poco, y pensé que una moto me iba a dar mucha más libertad. Que con una pequeñita, un casco, y mi corta melena al viento no iba a necesitar más para ser feliz durante todo 2021.

Pero como he dicho al principio, estaba equivocado, y si que he necesitado muchas más. Poco a poco el minimalismo me fue abandonando. El confinamiento me impidió viajar y socializar lo que me hubiera gustado, así que la mayoría del tiempo lo dediqué a trabajar. Con el trabajo llegaba el dinero, y parecía que la única forma de satisfacerme era gastándolo. Dándome caprichos, comprándome todas las cosas que muchas veces había querido tener, pero no había podido. No se trataba de grandes compras, sigo de alquiler y no he vuelto a tener coche. Pero me he comprado muchas cosas pequeñas más caras de lo que era mi estándar habitual. Camisetas de marcas chulas de a 55€, decenas de zapatillas Nike, ropa técnica de The North Face, un montón de aparatitos Apple, utensilios de cocina de Le Creuset, libros y más libros, cosas de decoración para la casa, accesorios para la moto, ropa para escalar, para correr, para la montaña…

Así que vuelto a tener la casa llena. De ropa cara, de menaje de cocina para hacer casi cualquier comida del mundo, de libros que leí hace años y no he vuelto a mirar, de cajas llenas de trastos que no uso… Y pese a ser consciente que me sobran cosas, casi cada día quiero más. Porque desde pequeño me han metido en la cabeza que tener muchas cosas es sinónimo de éxito.

¿Qué ha sido entonces de mi propósito minimalista? Pues procuro que siga ahí. Intento recordar que nunca fui tan feliz como cuando estuve cuatro meses viajando por Asia con una maleta de 10 kilos y una pequeña mochila con mi portátil y mis cables. Tenía tan pocas cosas que cada día solo podía elegir entre ponerme mis únicas chanclas o mis zapatillas de deporte, entre llevar bañador o pantalón corto. Y no necesitaba nada más.

Aunque sepa que soy un minimalista de palo intento que no se me olvide que el secreto está en querer poco, que las cosas son solo cosas, y que por mucho que soñemos con ellas y con lo felices que nos van a hacer, en el instante que las tenemos ya queremos otras nuevas o mejores. Porque cada olvido supone meterse más en la rueda que nos dice que debemos trabajar más, para así ganar más, para así poder comprar más. Cuando creo que la vida no es eso.

2 opiniones en “Minimalista de palo”

  1. Chapó Richard! Esta dinámica de consumo, de la que además es muy difícil salir nos otorga mucho menos control y espacio a nuestro mundo. Más no es mejor, más sólo es más. El ejercicio de ser consciente de todo aquello que tienes, te abre los ojos muchísimo. Hay algo más que puedes añadir a la lista, que a mí me ha funcionado muy bien, y es crear una lista de compras. Meter todo, desde un peine nuevo hasta otras nike… y obligarte a esperar al menos un tiempo para comprarlas o no. El objetivo sería no comprar con esa emoción de – genial, estoy gastando dinero!
    Dentro de un tiempo, me gustaría ver otro post tuyo acerca del minimalismo digital, que la filosofía es la misma, pero aplicarlo es diferente. Gracias por tu post 🙂

  2. Los dos documentales de Netflix me han ayudado a que cada mes me deshaga de al menos una cosa que ya no me aporta mucho (my monthly challenge) y que sea más consciente a la hora de comprar. Al haber menos cosas en mi entorno, siento que tengo más espacio físico y mental, lo que crea calma. Además, no tienes que gastar tiempo en decidir que te vas a poner y porque lo poco que tienes «brings you joy», como diría Marie Kondo. Aparte, también puedes ahorrar dinero para experiencias que sí te dan una felicidad mucho mayor y duradera, como viajar, por ejemplo. Creo que al final la felicidad está en agradecer y disfrutar de «meaningful experiences and little things». 🙂

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