45 personas

Inconscientes. Me han hecho “jefe” de 45 personas. ¡Madre mía! si casi me cuesta recordar tantos nombres, como para liderarlos. Nunca había dirigido un equipo tan grande y ahora siento una gran responsabilidad por hacerlo bien.

Ya era el jefe de los 24 que trabajábamos en Rudo, la empresa que fundé en 2016. A medida que iban surgiendo proyectos íbamos contratando gente, por lo que el proceso de adaptación era sencillo. El año pasado Alfatec, una compañía mucho más grande, compró la mayoría de mi empresa y nos incorporamos a ella. Se acercaron a nosotros porque éramos el match perfecto. En Rudo solo hacíamos apps nativas y en Alfatec solo se hacían apps multiplataforma.

El acuerdo era que entráramos a formar parte de una de las unidades de negocio del grupo, la que se encargaba, como nosotros, de desarrollar apps móviles. En esta unidad de negocio, llamada “Mobile”, había 14 personas, y nosotros sumábamos (como he dicho antes) 24 más, haciendo un total de 38 especialistas y convirtiéndonos en conjunto en una de las empresas más grandes de desarrollo de apps de España.

La unidad de negocio estaría dirigida por un gerente, y yo al entrar pasaba a ser el segundo de a bordo, llevando bajo la supervisión de este gerente al equipo de Rudo. Pero unos meses después de incorporarnos surgió una oportunidad interna, y se decidió que el gerente de Mobile pasara a dirigir otra unidad de negocio, y yo me hiciera cargo de todo. Casi nada. Desde ese momento han pasado un par de meses, y hemos fichado 7 más. Y ahora somos 45. Que se dice pronto, pero son 45 personas. Con sus circunstancias personales, con sus conocimientos, con sus experiencias y con sus sueldos.

Dirigir a tanta gente está siendo un reto brutal, primero porque nunca había liderado un equipo tan grande, y segundo porque tampoco nunca me había tenido que encargar de la integración de dos equipos distintos. Me he dado cuenta que es fácil dirigir cuando tu has escogido y formado al equipo desde el principio, como fue el caso de Rudo. Pero tremendamente difícil cuando se une gente con más experiencia y edad, con una cultura de empresa, unas normas y unas rutinas totalmente diferentes.

Además de integrarnos, he tenido que hacer una reorganización profunda, ya que la antigua no estaba preparada para tanta gente. Hemos creado nuevos puestos, promocionado mandos intermedios, definido otro organigrama, e intentado unificar los sistemas internos de gestión. Y también cambiado las responsabilidades de mi propio puesto, de tareas ejecutivas, a otras más estratégicas. Ya no puedo estudiar nuevos proyectos con clientes, ni hacer el seguimiento detallado, ni planificar tareas concretas. Ahora me toca sobre todo pensar en cómo hacer que el equipo esté contento, en que desde comercial lleguen clientes suficientes y en que se cumpla la cuenta de resultados.

Dirigir tanta gente me asusta. Por intentar hacerlo bien y por intentar no volverme gilipollas. Ya sabéis eso que dicen de que “si quieres conocer a alguien de verdad dale poder”. Porque está demostrado que el “poder” saca lo peor de nosotros mismos, y yo no quiero olvidarme que soy un chico de pueblo que por una serie de circunstancias ha acabado haciendo este trabajo. Mi madre sigue arropándome cuando voy a verla al pueblo, mientras me dice que a ver cuando encuentro un trabajo de verdad y me dejo de inventar cosas… Y ahora tengo que encargarme de 45 personas.

Que presión pensar que tanta gente depende en mayor o menor medida de mis decisiones. No puedo evitar compararme con esos líderes de manual a los que idolatro, que parece que todo lo hacen bien. Y yo, pese a haber hecho un MBA de los caros y haber leído decenas de libros de liderazgo, ni siquiera tengo un listado de los mejores trucos para hacerlo.

Pero tengo claro que al final, lo que mejor funciona, es tratar bien a la gente:

– Intentando empatizar con sus necesidades, sus objetivos y sus miedos, aunque a veces no profundice en entender porqué actúan de una determinada forma y juzgue sin saber.

– Intentando ser humilde, aunque a veces me envalentone y deje que mi ego sea el que lleve las riendas.

– Intentando escuchar, aunque a veces hable más de lo necesario y me recree demasiado en lo que digo y poco en lo que me dicen.

– Intentando tener tiempo para cada uno de los miembros del equipo, aunque ni siquiera haya hablado con las dos nuevas personas que han entrado de prácticas.

– Intentando recordar que mi misión es servir al equipo haciendo que tengan todo lo necesario para poder trabajar cómodamente, aunque a veces deje que me sirvan a mí.

– Intentando mostrar seguridad y tomando decisiones claras, aunque a veces me sienta inseguro y no tenga ni idea cómo proceder.

– Intentando ser entusiasta para servir de motivación, aunque a veces me deje llevar por los problemas y me cueste mantener la sonrisa.

Liderar es complicado, y se que voy a fallar muchas veces, pero prometo hacer todo lo posible por estar a la altura de estas 45 personas.

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